The Beatles Integral

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domingo, 27 de abril de 2014

¿HAY VIDA DESPUÉS DE LOS BEATLES? DÍAS DE RADIO (I): CHOCOLATE.

Segovia, mi pequeña, estrecha, maravillosa, a veces irrespirable y a veces sublime ciudad, tiene (como todo en la vida) sus contradicciones. Está cerquísima de Madrid, pero podéis creer que hace treinta años vivir en ella suponía vivir, en cuestiones musicales, al menos a tres años de distancia de la capital.

Eso se notaba, entre otras muchas cosas, en la radio. Nosotros no podíamos escuchar ninguno de los programas de la FM madrileña que alimentaron la sensibilidad musical de toda una generación. Y sin embargo (he ahí la contradicción) teníamos a un franco-tirador maravilloso que en gran medida nos redimió de esa carencia.

Se llamaba Fernando Vírseda. Cada tarde, en la frecuencia de Radio Segovia FM (creo que a las siete y media) nos introducía en su mundo de la mano de LA SINTONÍA DEL MÍTICO SYL SYLVAIN.


Fernando ponía en su programa "Chocolate" material de primerísima calidad. Nos tenía al tanto de las últimas novedades del pop y la new wave. Y nos informaba, también puntualmente, de esos conciertos a los que no podíamos ir, como el de los Ramones en Vista Alegre (tan intensamente lo vivimos de su mano que a veces tiendo a pensar que estuve allí) o el de Fischer-Z en el Marquee.






También le gustaban el ska y el reggae. Emitió monográficos amplísimos con la música de Bob Marley y ponía frecuentemente a grupos como los Graduate.






Adoraba a Elvis Costello y a todos esos solistas míticos, como Tom Petty, Nick Lowe o Dave Edmunds, cuyos nombres aparecían implicados en tantas historias de la música de aquellos años. Y como no tenía complejos en su amor por la música, utilizaba materiales de procedencias muy diversas para transmitir lo que sentía. Puso en varias ocasiones el superclásico de Brinsley Schwarz en una casete tomada de otra radio, apenas audible pero (quizás aún más por eso) con toda la emoción allí intuida.






Lo que Fernando nos transmitía a través de las ondas era muy especial. Algo se iluminaba en su voz cuando hablaba de sus tiempos de estudiante en Madrid. Y la banda sonora de ese recuerdo era siempre la misma:






Quisimos (mis amigos y yo) conocerlo. Y un día, poco antes de la hora del programa, nos presentamos en la puerta de la emisora. Le abordamos, le saludamos, nos atendió con amabilidad enorme y estuvimos con él durante toda la emisión. Era un hombre que rebosaba bondad. Pero era enormemente tímido. Quizás por eso nuestra relación quedó, de momento, en lo de aquella tarde.

... Seis años después yo hacía un programa en una radio libre. Un día me crucé con Fernando por la calle y me dirigí a él para proponerle una idea: que hiciese un programa conmigo. Aceptó de inmediato. Un viernes por la noche estuvimos hasta las tantas poniendo música de la nuestra y recordando su espacio. Me vienen a la memoria muchos momentos especiales de aquellas horas. Sobre todo uno.

Él había pinchado varias veces en su programa, también en una cinta inaudible, una canción de los Shoes. Luego yo se la había pedido en varias ocasiones. Y ahora, recién conseguido el disco, era yo el que se la ofrecía a él en ese duelo de canciones que nos traíamos.






Quedamos otro par de veces para intercambiar discos. Pero la maldita timidez (la suya y la mía) volvió a sumergir nuestra breve relación en el olvido.

Hace casi dos años, de repente me acordé de él. Quise saber de él y miré en google. Puf. Vi que acababa de fallecer. Ni dos semanas antes. Me pasa como a muchos: no creo en energías, fuerzas ni cosas raras... pero las he visto.

                                                                     *

Madrid es una ciudad contradictoria. Es una gran urbe que tiene y ha tenido todo lo que cualquiera puede desear. A finales de los setenta y principios de los ochenta brotaron en ella como setas emisoras de radio, salas de conciertos, discográficas independientes... Pero no se podía escuchar "Chocolate", de Fernando Vírseda. Y eso era una carencia enorme.