The Beatles Integral

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sábado, 13 de julio de 2013

¿HAY VIDA DESPUÉS DE LOS BEATLES? CANCIONES (I) SUNSHINE POP




Siempre defendí que esto del pop es cosa de canciones más que de elepés. Hay, por supuesto, un puñado de discos de larga duración que gozan del privilegio de ser completos o casi. Están los de los Beatles y, en mi gusto particular, algunos de los que iré desgranando en esta serie. Pero en general, siempre me gustó más espigar en las carreras de los grupos y de los músicos y hacerme colecciones con canciones de aquí y allá.

Esas colecciones las grabé de la radio, durante un par de décadas, en casetes que guardo como oro en paño. La primera serie abarca de septiembre de 1980 a abril de 1984. Son treinta y seis cintas, con algunas fases verdaderamente brillantes. Me referiré ahora a una intermedia.

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El 2 de abril de 1981 (vuelvo a decir aquello de que no me preguntéis por qué me acuerdo de la fecha con exactitud) había en mi casa un ir y venir excitante y alegre, premonitorio de acontecimientos. Y a media tarde me puse, como siempre, a escuchar el programa de Rafael Abitbol en Radio-3 (Rock-3 se llamaba), con el dedo en la tecla roja de grabación. Entonces sonó esto:






Fue uno de esos momentos en los que la música cambia tu vida. Lo que había en esa canción de Phil Seymour era una explosión de alegría, una especie de grito que sale de lo más hondo y que anuncia la felicidad de estar vivo.

Y es curioso cómo esas colecciones que yo elaboraba pacientemente y con tanto placer adquirían vida propia. En mi cinta, "Precious to me" aparecía ligada de una manera perfecta, de ésas que a veces sucedían por puro azar y que te hacían crear algo parecido a una canción tuya y distinta, a esta otra de Code Blue.






"Face to face" no es tan luminosa, ni mucho menos, como la canción de Phil Seymour. Pero las tengo absolutamente hiladas en mi mente. Y son, juntas, la máxima expresión del pop luminoso, del Sunshine pop. (¿Habéis visto, por cierto, que en el principio de la canción de Code Blue hay unas voces insinuadas como las de "Woman" de John Lennon?).

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Volvió a aparecer en junio de ese mismo año. Un día, muy al principio de las vacaciones de verano, salí de casa por la tarde, el sol me golpeó, vi a una chica que me esperaba sentada en un banco, recordé lo que acababa de grabar en el programa de Ordovás (creo que todavía era Pop-3) y disfruté de un momento inolvidable de autoconciencia adolescente. La canción fue ésta.






Y, al igual que sucedía con el ramillete anterior, aparece ligada en mi casete (y por tanto en mi memoria musical) a este superclásico de los 60:






Escucho, o simplemente pongo en mi imaginación, estas dos canciones y en seguida siento el calor de una tarde de junio, los olores, las brisas y los chorretones de vida que recorren tu cuerpo.

Toda esa vivencia de la música nueva que estaba conociendo entonces tenía también una componente de nostalgia impostada. Los nuevos grupos heredaban cosas muy evidentes de la música de los primeros sesenta. De algún modo, te regalaban el privilegio de una juventud guatequera, como aquella tan encantadora que relataban los padres o hermanos mayores. Me di cuenta cuando aquella misma tarde Ordovás presentó el primer L.P. de Mamá:






Y él mismo estableció, con otra canción que pasó a mi casete, un punto de referencia inevitable:





En fin. Cuánta vida y cuánta felicidad. Y es que siempre hay una canción que te puede sacar del atolladero, sea el que sea. Me di cuenta una tarde lluviosa, muchos años más tarde, cuando en otra casete muy posterior apareció, otra vez, un rayo de luz que me resolvió un problema:





1 comentario:

  1. Me encanta la canción de Phil Seymour, qué luminosa. Y por supuesto mis adorados Brincos.

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