The Beatles Integral

The Beatles Integral

domingo, 11 de agosto de 2013

¿HAY VIDA DESPUÉS DE LOS BEATLES? LA SAGA DE LOS HERMANOS FINN




Conocí a esta gente como aquello que decía San Agustín (¿o era San Pablo?) del relámpago que cruzaba el horizonte de oriente a occidente, mediante una canción que grabé durante mis pacientes sesiones radiofónicas, con el dedo tembloroso en el botón REC.






Después de esa epifanía (qué bonitos eran aquéllos, "mis" tiempos... Ahora habría entrado en google, habría escuchado varias canciones en youtube, habría chateado con los hermanos Finn a través de twitter y me habría acostado esa misma noche sin haber dejado un resquicio de disfrute a esa cualidad tan fascinante del Swann proustiano, que es la de imaginar cómo de maravillosas serán las cosas a las que nuestra visión no puede acceder) tardé varios años en conseguir un disco de "Split Enz". Fue "Waiata". Y resultó que el grupo tenía varios registros... Vamos... que era un grupo (a pesar de lo que  prometía el primer tema, tan cristalino, que había conocido de ellos) un tanto extraño.

Había temas de un intimismo extremo.






Y otros que se aproximaban tremendamente a ese "pop chicle" tan propio de un cierto momento y estadio de la new wave.






                                                                           *

Pero, a pesar de todo, era verdad. Después de algún otro escarceo con el extraño grupo neozlenadés...







... volvió esa luz tan especial.

Sí. Llevo preguntándome, a lo largo de todas las entradas de esta serie veraniega de mi blog, cuál es el grupo más Beatle después de los Beatles. Las repuestas pueden ser distintas. Pero creo que no existe ningún grupo que haya llegado al éxito masivo haciendo una especie de homenaje tan explícito a los Beatles como Crowded House.

Lo formaron los mismos hermanos Finn que habían fundado, quince años antes en Nueva Zelanda, Split Enz.

Durante más de una década llenaron las listas de éxitos de canciones que parecían compuestas por Lennon y McCartney.

Como ésta:






O ésta:





¡Qué gusto oír en la radio comercial la música que a uno le gusta!

Y todavía tuvieron tiempo de volver a ser Split Enz por un día...

Lo recuerdo perfectamente. El 31 de diciembre de 1999 me levanté a eso de las once en el piso recién estrenado de Segovia, dispuesto a vivir las navidades más felices que recuerdo en mi vida adulta. Ese día, según todos los agoreros del mundo, a las doce en punto de la noche los ordenadores dejarían de funcionar y los aviones se caerían. En lo que nadie reparó fue en que casi doce horas antes de la "catástrofe", en Nueva Zelanda, Papua Nueva Guinea y esos sitios, ya tendríamos una noticia exacta de lo que iba a suceder.

Y al levantarme a esas horas tan indecentes, después de unos días de trabajo excesivo, lo que encontré en la pantalla de la televisión fue a los Crowded House, rereconvertidos en Split Enz, anunciándole al mundo desde las antípodas que nada de lo anunciado había sucedido... Otra vez... Quizás a la tercera...





(Minutos después recibí la noticia de que el catering excepcionalmente encargado para la cena masiva de aquella noche se había extraviado y que tendríamos que cenar sobras... Continuará... O no...).

martes, 6 de agosto de 2013

¿HAY VIDA DESPUÉS DE LOS BEATLES? THE dB'S (I)




Otros claros candidatos a ser el grupo más Beatle después de..., los dB's, se formaron en Nueva York (aunque todos ellos son de Carolina del Norte) en 1978.

Los conocí a través de una canción absolutamente mágica que me persiguió durante varios años, titulada "Neverland":






La canción pertenece al segundo disco del grupo, "Repercussion", de 1982. Pero cuando finalmente conseguí un L.P. suyo (en Atenas, en marzo de 1985) sucedió lo de siempre entonces, que el disco no contenía la canción ansiada... Cosa que lamenté sólo hasta que puse el vinilo en mi tocadiscos y sonó esto:






Ese primer L.P. de los dB's, "Stands for decibels", de 1981, es una de las aventuras musicales más fascinantes en las que uno se puede sumergir. Las canciones maravillosas se suceden sin darte tiempo ni para respirar.






En este grupo hay dos genios de la composición que rivalizan permanentemente: Chris Stamey y Peter Holsapple. Sus estilos son distintos y, como tales, reconocibles. Pero confluyen en una cosa fundamental.

Stamey tocó con Alex Chilton. (Un entendido en la materia me insinuó, hace hoy cinco años y mientras comíamos una estupenda paella a una temperatura ambiental de unos cincuenta grados, que llegó a ser miembro de Big Star). No sé. El caso es que de ahí salió una especie de saga sobre la cual hace ya mucho que me propuse escribir un artículo.

La saga se extiende, con la mediación de Mitch Easter, auténtico prohombre del género, desde el grupo de Alex Chilton...







... hasta los primeros R.E.M...







... pasando por el propio grupo de Easter, Let's Active...






... y por el maravilloso conjunto Game Theory, del recientemente fallecido Scott Miller...






... y, por supuesto, por los héroes del día, los dB's:






Lo que me deslumbró del descubrimiento de la conexión que existe entre todos ellos fue que me di cuenta de que cualquier oyente atento podría deducirla por sí mismo y sin ningún tipo de "aparato erudito". Porque todos esos grupos y artistas tienen en común una cosa muy llamativa: utilizan una modulación vocal, una especie de murmullo que trata de imitar el sonido de las guitarras psicodélicas; de ésas que, reproducidas al revés, brotan del silencio y crecen, al contrario de lo que sucede normalmente con cualquier emisión sonora.







                                                                   *


La colaboración de los dos genios, Stamey y Holsapple, duró poco en primera instancia. Se acabó después del segundo disco. Después vinieron aventuras separadas. Eso será objeto de nuestra próxima entrega. 



jueves, 1 de agosto de 2013

¿HAY VIDA DESPUÉS DE LOS BEATLES? THE JAM (I)




Cuando era joven (ays!!!) tenía un grupo. Prometo hablar de eso en un próximo, o no tan próximo, post. Las procedencias musicales de los distintos miembros eran muy dispares. Y a mí, como front-man y lider omnímodo del conjunto (¡toma ya!), me tocó la labor de buscar una inspiración, un nexo común que pudiese satisfacer los gustos de todos.

Así que les "vendí" a los Jam. Y recuerdo que, por alguna absurda razón, Carlos, el guitarra solista, leyó el libro de la editorial Júcar que le presté antes de escuchar una sola nota de la música del grupo de Paul Weller. Y se quedó prendado. No había escuchado una sola canción y ya amaba a mi grupo favorito.






Yo creo que eran las fotos. Cuando veías a Paul Weller, guitarra en ristre, dando un salto de metro y medio, o le contemplabas con una de esas poses tan adrenalínicas, con su corbata torcida y su Rickenbacker apuntando como una metralleta, ya sabías que allí había algo muy especial.

Y sin embargo...

                                                                   *

Tiendo a comparar a los Jam con la cerveza. La primera vez que la pruebas tuerces el rostro ante la extrañeza del sabor. Pero por alguna razón misteriosa, necesitas seguir probando.

La primera canción que escuché de ellos, en octubre de 1980, fue "Eaton Rifles".






"Eaton Rifles" es, efectivamente, como la cerveza. Allí está toda la música que me gusta... pero de una manera tan personal, tan especial.

¿Cómo lo explicaría? La austeridad del sonido es brutal, casi excesiva. Todo, desde la voz hasta esa guitarra solitaria que tiene que multiplicar su presencia con un talento fuera de lo común, pasando por un bajo que también tiene que hacer "horas extras" para suplir la ausencia de una guitarra rítmica convencional, aparece como recubierto por una neblina. Es enérgico, pero muy melancólico.

Los Jam tienen toda la música de antes. Ya hablé, al referirme a "Taxman", del impacto que me produjo ese homenaje tan singular a la canción de Harrison que contiene "Start!".






Pero esa "música de antes" recibe un tratamiento muy especial. De hecho, lo que me admira de la banda de Paul Weller es algo que sólo me pasa con ellos; y es que me obligan a preguntarme de dónde narices puede haberse sacado un ser humano semejante música. Me río de los que los encuadran, sin más, en el revival mod o de los que los tratan como unos nuevos Who. Qué va. Son algo absolutamente distinto, de otro planeta.

Lo vi claro cuando en diciembre de 1980 Rafel Abitbol comenzó a presentar las canciones del álbum "Sound affects".






Sí. A ese disco llegué a tiempo. Me pasé esa Navidad delante de mi equipo compacto, oyendo una y otra vez, con expresión alucinada, las canciones que había grabado.






Y no sé por qué. Quizás el efecto hipnótico que me producía esa música era excesivo. (¿Alguien podría explicarme qué quiere decir Paul Weller en "Man in the corner shop"?...). Pero el caso es que decidí retirarlo y dejarlo para un poco más adelante. Sólo dos años después me sumergí de manera definitiva en esa música. Fue el día que compré "The modern world"... Pero eso forma parte del segundo capítulo.


martes, 30 de julio de 2013

¿HAY VIDA DESPUÉS DE LOS BEATLES? TEENAGE FANCLUB




¿El grupo más "Beatle" después de los Beatles? Hummm... Dejadme que piense...

Momentos "Beatle", quizás Squeeze. Pero en general, algún grupo que encarne a lo largo de su carrera muchos de los valores que más aprecio en los de Liverpool sería para mí el de hoy: Teenage Fanclub.






Los descubrí en la radio, en el verano de 1995. Acababa de terminar mi oposición y atravesaba un largo período de recuperación de la normalidad antes de mi primer destino. Los escuché una tarde, desesperado de calor y de aburrimiento en el patio de Aguilafuente. Y supe que tenía una cita con ellos.

Pero hasta casi un año después no compré su disco. Era el quinto de su carrera, "Grand Prix". Para mí, el mejor disco de los últimos veinte años.

No puedo escuchar "Don't look back" y sus cadencias prodigiosas sin que me invada el olor a humedad, la intuición del mar próximo, el estallido de verdes y la premonición del sabor de las andaricas en el chiringuito playero que acompañaban cada miércoles, durante julio y agosto del 96, el recorrido en coche que hacía desde Oviedo hasta Colunga mientras oía el disco.






Teenage Fanclub es un grupo con tres genios de la composición. ¿Os suena? Eso le da a sus obras una riqueza y una versatilidad tremendas. Las dos canciones que hemos escuchado hasta ahora son de Gerard Love. Pero mis dos favoritas del disco son composición de Norman Blake.

"Neil Jung" me trae a la cabeza de manera inmediata una palabra que utilicé frecuentemente cuando escribí acerca de los Beatles: "Geometría". La canción te trae y te lleva por caminos sinuosos, pero siempre te emplaza en el lugar perfecto, al final de cada tramo.






Y lo mismo me pasa con mi preferida, "I'll make it clear". Sólo que aquí las líneas son todavía más sinuosas. Y por eso, precisamente, más enloquecedoras. (La manera en que modula cada vez que dice "deeeear..." es para tirarse de los pelos en plan fan, ¿no?).






                                                                  *

La carrera de Teenage Fanclub es larga y productiva. De hecho, el disco favorito de la mayoría de los buenos aficionados es el siguiente, "Songs from Northern Britain". Contiene maravillas como este "Winter", de Blake.






Pero yo, quizás por aquello de que cuando llegaba a la casita de Caravia en las tardes del verano del 96 me encontraba a mi mujer y a mi hija recién nacida y a los familiares y amigos que habían venido a visitarnos y nos íbamos al chiringuito de la playa del Arenal de Moris a comer andaricas y unos chipirones de medio metro, me quedo con "Grand Prix".

Quiero mencionar, no obstante, el último disco (que yo sepa) del grupo. "Shadows", de 2010. Aquí, en un momento de desencuentro con una parte del mundo, la inspiración más pop de los escoceses parecía haberse agotado; y tuve que encontrar consuelo en una canción oscura e introspectiva de McGinley llamada "The fall".



jueves, 18 de julio de 2013

¿HAY VIDA DESPUÉS DE LOS BEATLES? ANY TROUBLE




En aquellos tiempos (y estoy volviendo a los últimos meses de 1980) tu capacidad de sorpresa estaba sometida a un desafío permanente. Creías haber encontrado a tu grupo favorito y, de repente, otra cosa nueva te estallaba en la cara.






La tarde de la Nochebuena de aquel año fui otra vez a la Casa del siglo XV. Después de describir varias revueltas entre dálmatas de madera tamaño natural, escritorios y reclinatorios estilo remordimiento, porcelanas de Sevres, chimeneas de mármol y affiches varios, entré en el cubículo de los discos. Revisé los estantes y encontré el L.P. de Any Trouble, "Where are all the nice girls", le pedí a la chica que me lo pinchase y... otra vez un descubrimiento histórico.

El parecido con Elvis Costello era evidente. Desde las gafas del lider, Clive Gregson, en la portada hasta esa especie de ritornello tan intenso que estructuraba el primer tema del álbum, "Second choice" (muy presente, por cierto, en las canciones de "Mamá"), todo recordaba al "enano de la mala leche", que le llamaban entonces.

... Pero había más.






A mí, de hecho, la música de Any Trouble, al menos en ese primer trabajo, me convencía mucho más que la de Costello. Era más reconocible; un pop mucho más definido, sin extravagancias y con momentos de una emotividad extraordinaria. Hasta el punto de que una de su primeras canciones, "Playing Bogart", se convirtió para mí, desde la primera audición, en un clásico del "buen rollo", de ese tipo de música que uno desea escuchar cuando es joven y sale los viernes por la noche de casa.



  



Hay un hecho extraño con la edición de este disco. En todas las reediciones posteriores, aparecían dos canciones "estrella" que, sin embargo, no estaban en el ejemplar que yo compré el 24 de diciembre de 1980. Una era "No idea". Y la otra, el superclásico del género titulado "Yesterday's love".






No sé a qué se debe esa anomalía. Sólo sé que eso me permitió revivir, hace no demasiados años, la impresión inicial que me produjo el grupo al conocer tan a destiempo esas dos canciones.

Porque luego, la verdad, las grabaciones posteriores me parecen poco reseñables. Una o dos navidades después del descubrimiento compré, por puro mimetismo, su segundo L.P., titulado "Wheels in motion". Y nada más escuchar los primeros compases de su primera canción, supe que era una imitación de lo mismo, pero sin sustancia.

Qué triste. Hay vida después de los Beatles. Pero es, a menudo, demasiado humana. Muchos grupos destilaron sus esencias en un disco, incluso en una canción. Y luego se agotaron. 

lunes, 15 de julio de 2013

¿HAY VIDA DESPUÉS DE LOS BEATLES? LOS AUTÉNTICOS




Una prueba muy contundente de que sí que hay vida después de... la constituye este grupo de Castellón.

... Y no tendré que decir mucho sobre él. Nada nuevo, quiero decir. Sólo remitirme al artículo que los buenos amigos de Power Pop Action! tuvieron la amabilidad de dejarme publicar en su web hace ya casi cinco años.


AQUÍ LO TENÉIS

sábado, 13 de julio de 2013

¿HAY VIDA DESPUÉS DE LOS BEATLES? CANCIONES (I) SUNSHINE POP




Siempre defendí que esto del pop es cosa de canciones más que de elepés. Hay, por supuesto, un puñado de discos de larga duración que gozan del privilegio de ser completos o casi. Están los de los Beatles y, en mi gusto particular, algunos de los que iré desgranando en esta serie. Pero en general, siempre me gustó más espigar en las carreras de los grupos y de los músicos y hacerme colecciones con canciones de aquí y allá.

Esas colecciones las grabé de la radio, durante un par de décadas, en casetes que guardo como oro en paño. La primera serie abarca de septiembre de 1980 a abril de 1984. Son treinta y seis cintas, con algunas fases verdaderamente brillantes. Me referiré ahora a una intermedia.

                                                               *

El 2 de abril de 1981 (vuelvo a decir aquello de que no me preguntéis por qué me acuerdo de la fecha con exactitud) había en mi casa un ir y venir excitante y alegre, premonitorio de acontecimientos. Y a media tarde me puse, como siempre, a escuchar el programa de Rafael Abitbol en Radio-3 (Rock-3 se llamaba), con el dedo en la tecla roja de grabación. Entonces sonó esto:






Fue uno de esos momentos en los que la música cambia tu vida. Lo que había en esa canción de Phil Seymour era una explosión de alegría, una especie de grito que sale de lo más hondo y que anuncia la felicidad de estar vivo.

Y es curioso cómo esas colecciones que yo elaboraba pacientemente y con tanto placer adquirían vida propia. En mi cinta, "Precious to me" aparecía ligada de una manera perfecta, de ésas que a veces sucedían por puro azar y que te hacían crear algo parecido a una canción tuya y distinta, a esta otra de Code Blue.






"Face to face" no es tan luminosa, ni mucho menos, como la canción de Phil Seymour. Pero las tengo absolutamente hiladas en mi mente. Y son, juntas, la máxima expresión del pop luminoso, del Sunshine pop. (¿Habéis visto, por cierto, que en el principio de la canción de Code Blue hay unas voces insinuadas como las de "Woman" de John Lennon?).

                                                                 *

Volvió a aparecer en junio de ese mismo año. Un día, muy al principio de las vacaciones de verano, salí de casa por la tarde, el sol me golpeó, vi a una chica que me esperaba sentada en un banco, recordé lo que acababa de grabar en el programa de Ordovás (creo que todavía era Pop-3) y disfruté de un momento inolvidable de autoconciencia adolescente. La canción fue ésta.






Y, al igual que sucedía con el ramillete anterior, aparece ligada en mi casete (y por tanto en mi memoria musical) a este superclásico de los 60:






Escucho, o simplemente pongo en mi imaginación, estas dos canciones y en seguida siento el calor de una tarde de junio, los olores, las brisas y los chorretones de vida que recorren tu cuerpo.

Toda esa vivencia de la música nueva que estaba conociendo entonces tenía también una componente de nostalgia impostada. Los nuevos grupos heredaban cosas muy evidentes de la música de los primeros sesenta. De algún modo, te regalaban el privilegio de una juventud guatequera, como aquella tan encantadora que relataban los padres o hermanos mayores. Me di cuenta cuando aquella misma tarde Ordovás presentó el primer L.P. de Mamá:






Y él mismo estableció, con otra canción que pasó a mi casete, un punto de referencia inevitable:





En fin. Cuánta vida y cuánta felicidad. Y es que siempre hay una canción que te puede sacar del atolladero, sea el que sea. Me di cuenta una tarde lluviosa, muchos años más tarde, cuando en otra casete muy posterior apareció, otra vez, un rayo de luz que me resolvió un problema:





lunes, 8 de julio de 2013

¿HAY VIDA DESPUÉS DE LOS BEATLES? PAUL COLLINS (I)




Olvidad lo dicho hasta ahora. El momento, el momentazo en el que supe que había vida después de los Beatles fue otro.

El escenario, otra vez el palacete ese de la calle Real. Allí estaba la chica rubia, dispuesta a ponerme discos. Yo había oído hablar de "The Beat". Incluso sabía que había dos grupos con el mismo nombre. Me tocó el americano. Y sonó esto:






Fue bestial. Los crescendos apoyados en el ritmo, esas secuencias en las que el bajo va cediendo ante el empuje de las guitarras con los power-chords y finalmente los acordes abiertos que suben y suben y suben... todo eso produce un efecto euforizante que para mí no tiene parangón en la historia del rock.

Escucharlo fue mágico. Yo no entendía lo que estaba pasando. Es un poco como nos sucede en música clásica con Mozart: da la sensación de que siempre había estado allí y de que un tío con una especie de genio infantil, elemental, llegó, se lo apropió... y zas. Te tienes que dar una palmada en la frente (sobre todo si eres Salieri) y exclamar: "¡Cómo he podido ser tan bestia como para no haberlo visto antes!".

Y cuidado, que no se trata tan sólo de esos "ataques aéreos" que salpican toda la canción y todo el disco. Mirad:






¿Habéis visto las armonías vocales? ¿Se puede hacer más con menos?

"The Beat" ha sido siempre el grupo de Paul Collins. "Paul Collins' Beat", claro. Pero en esa primera formación me parece a mí que el papel de Steve Huff, al menos con las armonías vocales, era esencial. Una delicia.

Se nota en esas canciones un poco más tranquilas (relativamente... más que nada cosa de velocidad) que salpican el disco, como la maravillosa "Different kind of girl".






Qué decir. Para mí este disco puede competir con la obra de los Beatles. (Vale, vale... probablemente perderá; pero competir puede). Si no lo conocías y estás sufriendo el spleen de una tarde de verano, consíguelo inmediatamente y sumérgete en su energía y me lo agradecerás toda la vida.






Hay un doble aspecto de la carrera de Paul Collins que me interesa destacar. Ha estado (y de algún modo está) muy vinculado a España. Sé que ha vivido aquí. No sé ahora. Eso nos ha dado múltiples oportunidades de verlo en directo. Y es una fuerza de la naturaleza. Sus conciertos en locales pequeños son un alarde de energía, de honestidad y de buen hacer. No os lo perdáís si podéis. Veréis cómo la vida sigue teniendo sentido después de...



viernes, 5 de julio de 2013

¿HAY VIDA DESPUÉS DE LOS BEATLES? GRUPOS ESPAÑOLES (I)

Sé que mi afición por los grupos españoles que conocí entre 1980 y 1982 es el aspecto más controvertido de mis gustos musicales. Quiero decir: es el aspecto en el que menos coincido con la gente que tiene más o menos mis gustos.

Pero en música, cuando de verdad amas la música, tienes que ser auténtico. No queda otra. Y yo tengo que reconocer ese pecadillo de juventud. Del cual, por cierto, no me he arrepentido.

En realidad, todo comenzó así:






Un día de marzo o abril de 1980 me estaba duchando con la radio puesta y sonó "Enamorado de la moda juvenil". Me quedé paralizado. Fue una iluminación. Supe que algo nuevo e importantísimo había comenzado en mi vida.

Esta canción la tenemos demasiado escuchada. Estoy convencido de ello. Por eso ya no caemos en el valor tremendo de muchos de sus recursos. La manera en que las voces se citan y responden sobre el dibujo de la guitarra distorsionada es hiperestimulante. Y cuando esas voces se encuentran en la parte que dice "... al pasar por la Puerta del Sol", pues hombre... no es que sea "Baby's in black", pero está francamente bien. (Aparte de lo excitante que resultaba oír música auténticamente pop en tu idioma y con referencias a cosas y a lugares familiares).

Después de ese impacto inicial, y dado que apareció el disco de los Knack al que me referí en la entrada anterior, mi relación con los grupos nacionales quedó aplazada hasta el verano. Y fue allí, en las tórridas tardes extremeñas de revolcones por los suelos delante del televisor, cuando vi aparecer en el mítico programa "Aplauso" a varios de esos grupos, que me encandilaron.

Recuerdo a Alaska y los Pegamoides. Sí. Toda regla tiene su excepción, y si bien no me arrepiento de la afición de aquellos años, el de Alaska sí que es un grupo que cada día entiendo menos cómo me podía gustar tanto. Sí que es verdad que tenía la cosa aquélla infantil y casi iconoclasta que tanto aprecio en el rock... Eso de decir: "¡Qué maravilla! ¡Eso puedo hacerlo yo!". Pero era demasiado, la verdad.

En el comienzo del nuevo curso sí que vinieron las mejores novedades. Descubrí Radio-3. Y no sólo eso: un fantástico programa de Radio Segovia FM que presentaba un ser especial y maravilloso llamado Fernando Vírseda (... puf... hace unos meses me acordé de él y busqué por la red... espero que alguien me pueda decir que lo que encontré es un error... que se trataba de otra persona...). "Chocolate". Allí sonaban todos los nuevos grupos.

A Fernando Vírseda le gustaban, sobre todo, los Trastos.






Ese lanzamiento fue un bluf. Hicieron una especie de Tequila-2 que no funcionó.

Las tres grandes novedades de aquel otoño fueron, para mí, las siguientes:

Primera: el L.P. de Nacha Pop. ¡Que absurda y deliciosa historia ésa de que el disco tenía un error con el "corte de acetato" (que me aspen si sé de qué se trata) y tuvieron que cambiar (o como se dice en Segovia: "descambiar") todos los ejemplares vendidos en las primeras semanas!






(No pensaríais que iba a malgastar un solo microbite del universo virtual enlazando "Chica de ayer", ¿no?).

Segunda: el E.P. de Mamá. Seguido, de inmediato, en mi experiencia personal, por una cinta con maquetas que había conseguido un amigo mío, que veinte años después alguien tuvo el buen gusto de publicar en C.D. y que para mí constituye (típica afirmación recóndita y apodíctica de ésas que me generan tantas enemistades) el mejor producto de la música de aquellos años:






Es sorprendente cómo evidencia esta canción una asimilación tremenda de la música que se hacía por entonces en el mundo anglosajón: Elvis Costello, Any Trouble, Squeeze... Y encima con un acento propio.


Tercera: el E.P. de los Secretos. A mí el grupo de los Urquijo, con su permanencia excesiva y con eso de las rancheras, se me ha llegado a hacer casi odioso. Pero aquel debut fue impactante:






 (No pensaríais que iba a malgastar un solo microbite del universo virtual enlazando "Déjame", ¿no?).

Había más cosas, claro. Los Zombies, con su "Groenlandia". "Para ti", de Paraíso...

Pero al final para mí lo que quedó de todo aquello fue lo más recoleto; lo más fresco y primitivo. Creo que la espontaneidad adolescente era la aportación propia de esa música. Por eso, a mí los discos solían decepcionarme. Prefería las maquetas caseras. Y cuanto más pretencioso era el lanzamiento, mayor era mi decepción. Yo quería seguir escuchando la Verdad emocionante que encontraba en voces que desafinaban de puro sentimiento:






O canciones que te ayudaban a ser feliz (agridulcemente feliz, claro) por ser adolescente en un mundo que era adolescente.




lunes, 1 de julio de 2013

¿HAY VIDA DESPUÉS DE LOS BEATLES? THE KNACK (I)

Hasta los quince años sólo escuché a los Beatles. Bueno, claro: cosas en la radio y eso sí. Pero lo que se dice ponerse un disco una y otra vez... sólo los Beatles. Ninguna otra cosa me satisfacía. Escuché cada L.P., cada canción suya miles de veces.


Pero después sufrí una pequeña crisis. Quizás necesitaba más música, ahora que ya me sabía todos los discos de los Beatles, y no la encontraba. Y en las navidades de 1979 me regalaron un equipo muy molón. Así que me puse a comprar otra vez.


Estuve unos meses comprando cosas de Bob Dylan, de Supertramp, de Simon & Garfunkel... Trataba de disfrutarlo, pero algo muy adentro me decía que no; que aquello no me llenaba. Hasta que un día, en una revista que compraba mi padre, leí que había salido un grupo que se parecía a los fab-four. Se llamaban The Knack, y en la portada de su primer L.P. aparecían, efectivamente, encorbatados muy al estilo que me gustaba. Así que apunté el nombre.


Semanas después, el día que terminaban las vacaciones de Semana Santa (no me preguntéis por qué, pero recuerdo la fecha con precisión: era 9 de abril de 1980) a primera hora de la tarde andaba yo, como alma en pena, por la calle Real de Segovia. Acababa de llegar del pueblo de mis padres, en Extremadura, y ese regreso del mundo de los primos y de las vacaciones y de la vida libre y sin preocupaciones siempre me producía una enorme melancolía. Pero lo único bueno de aquello era que tenía algún dinerillo, el que me habían dado mis tíos, en el bolsillo. Así que fui a comprarme un disco.


Entré, como siempre aquellos meses (había discutido con Pepe Mozo, porque me había vendido un ejemplar de "Rubber Soul" totalmente deformado) en la Casa del Siglo XV, un palacete que era una tienda de regalos de boda y de objetos kitsch que tenía, allí al fondo, una sección de música sorprendentemente bien surtida.




Cogí el disco de los Knack (era el segundo, "But the little girls understand") y le pedí a la chica de la tienda que me lo pusiera. Entonces sonó esto:





¡... Dios mío! La vida volvió a comenzar. Aquello sonaba, exactamente, como la música que me gustaba; y encima con una potencia totalmente nueva.

"Mr. Handleman" tenía ese toque naif de "Love me do", esa sencillez insultante. Y además, el juego del pianillo infantil que se transformaba, de repente, en una guitarra levemente distorsionada era muy emocionante (también lo es la manera en que Berton Averre cambia de instrumento en el video).

Fue una explosión de luz. Y unas horas más tarde descubrí la auténtica joya del álbum, "I want ya".









Hay por primera vez en 0:54, al final del estribillo, una excursión armónica a un lugar distante y peligroso que apenas un par  de segundos después regresa al orden. Prodigioso.


El disco tenía, además, un par de medios tiempos increíbles, como esa canción pletórica de sensualidad que se llamaba "Can't put a price on love".








Había entonces una cosa que yo no sabía: "But the little girls understand" no era, ni mucho menos, el mejor disco de los Knack. Pero aquellas jornadas memorables en las que, sentado sobre la camilla de mi habitación y con los pies en la silla, lo oía una y otra vez mientras miraba la enigmática portada, ese claroscuro tan sugerente, y esa funda interior en la que mis nuevos ídolos aparecían metidos en un coche, saludando a las fans histéricas que pegaban sus morros contra los cristales, me demostraron que sí, que había vida después de...

Por eso fue un nuevo comienzo.