The Beatles Integral

The Beatles Integral

miércoles, 14 de enero de 2015

THE BEATLES. JOHN LENNON: L2. COLD TURKEY.

Bueno. Si uno tiene la suerte de ser un Beatle (y no un Beatle cualquiera, sino John Lennon) y decide que, a pesar de todo, hay otro camino musical que desea recorrer, en solitario o en otras compañías, tiene que ser porque tiene algo importante que decir.

Ahora bien: encontrar otro camino cuando uno es John Lennon... tiene que ser complicadísimo. Y de algún modo empieza aquí, en esta canción, ya que como vimos "Give peace a chance" era "otra cosa".






"Cold turkey" es el segundo single de Lennon bajo la denominación de la Plastic Ono Band. Parece que al principio no lo tenía muy claro, ya que en el estreno del tema en el famoso concierto celebrado en Toronto el 13 de septiembre de 1969, aparte de la inseguridad del propio John (lee la letra en un papel que sostiene Yoko y al final, cuando acaba, vuelve a repasar el papel como perplejo de lo que acaba de hacer), de los gritos histéricos de la japonesa y de la frialdad del público, lo que aparece es un medio tiempo bastante convencional.





Pero luego en el estudio, con una formación de lujo (Eric Clapton a la guitarra solista, Klaus Voormann al bajo y Ringo a la batería), toma cuerpo. Graban a finales de septiembre y el single aparece en Estados Unidos el 20 de octubre. Y ahí sí que surge algo diferente.

No es una queja, al contrario, pero pasa que las canciones de los Beatles son siempre luminosas. Lennon no pudo escribir de esta manera acerca de las drogas en el grupo, porque siempre brotaba al final la luz que iluminaba parajes tan sombríos como los de "Happiness is a warm gun".





También es verdad que "Cold Turkey" no habla, exactamente, de la heroína, sino del mono. Pero el caso es que lo hace con un lenguaje desgarrador y distinto. Rebosa esa desesperación, ese mal humor que son tan característicos de la música de los 70 y que nacen de la decepción de los ideales (alguno tan tonto como el de buscar paraísos artificiales) de toda una generación.

La canción llegó a ser un himno. Ya en diciembre de 1969, en un concierto benéfico que tuvo lugar en Londres, fue interpretada por un conjunto memorable que incluía a Clapton, Keith Moon, Harrison o Billy Preston (aunque en el audio hay un parche de Nicky Hopkins, ya que el teclado original se perdió en la mezcla). Pero no tuvo éxito comercial. Al contrario. En noviembre del mismo año Lennon devolvió su título de caballero de la Orden del Imperio Británico y manifestó hacerlo en protesta por las guerras de Vietnam y Biafra... y por la mala acogida de "Cold Turkey"... Lennonadas... 




  

miércoles, 7 de enero de 2015

THE BEATLES. JOHN LENNON: L1. GIVE PEACE A CHANCE.

Sí señor. Toda una vida siguiendo la estela de los Beatles, añorando la sensación de llegar a casa con un disco suyo debajo del brazo, ponerlo en el tocadiscos y entrar en otra dimensión, intentando revivir esa sensación en la búsqueda de grupos o artistas que también vivían bajo la influencia... y al final hay un recodo en el que te preguntas por qué no buscar en lo que ellos mismos hicieron en solitario. Y varias razones (todas ellas, sin duda, providenciales) me han animado a ello.

Así que vamos.

Primera cuestión: ¿qué vamos a desgranar a partir de ahora? La primera canción del catálogo me ayudará a explicar algunas cosas:





Los cuatro miembros de los Beatles hicieron, al margen del grupo, muchas cosas. Todos grabaron discos. (Paul y Ringo, los sobrevivientes, siguen haciéndolo, de hecho). Y lo hicieron en líneas muy diferentes: música experimental, bandas sonoras, oratorios, piezas clásicas y hasta litúrgicas de distinto orden. También han intervenido en muchísimas colaboraciones. Pero aquí nos vamos a limitar a desgranar, por orden cronológico, sus canciones. Las "canciones" en el sentido más estricto de la palabra. Canciones de toda la vida, como las que hacían con los Beatles.

(Ah, y conviene ya decirlo. De momento me centro en los tres grandes creadores del grupo. Le he dado vueltas, pero Ringo quedará fuera. Por lo que he podido ver hasta ahora tiene discos simpáticos en muchos sentidos y hasta uno, el titulado "Ringo" que casi merecería estar aquí. Pero qué le vamos a hacer; la decisión es, como todo en este campo, provisional; pero de momento es ésa). 

Hecha esta declaración inicial de intenciones cabría preguntarse si "Give peace a chance" es una canción en el sentido estricto que decía.

Aparece incrustada en un momento en el que los Beatles todavía están activos. Quedan unos meses para su desaparición. John todavía se expresa musicalmente mediante composiciones importantísimas que publica con el grupo. Esto es algo distinto.

Es una especie de himno. Un grito que fue surgiendo en uno de los happenings hoteleros que Lennon mantuvo con su esposa, los dos en la cama, recibiendo a los periodistas y diciendo perogrulladas. En esta ocasión fue en Montreal. A John se le ocurrió la frase ("Dadle una oportunidad a la paz") y de ahí fue brotando el mantra musical que se grabó en la propia habitación los dos primeros días de junio de 1969 con la colaboración de músicos locales y de algunos personajes de la contracultura del momento, como Allen Ginsberg o Timothy Leary.

No era el primer intento. En enero del mismo año John y Paul habían rescatado algo grabado muchos meses antes que ya estaba cortado por el mismo patrón: una canción tremendamente simple para ser cantada por una banda de juerguistas. Me refiero, por supuesto, a "All together now".





Así que mezcla de happening, himno, provocación, cántico de multitudes o lo que fuese, Lennon aún se encuentra lejos de bucear en sí para hallar el acento de su música en solitario, a la que quiero acercarme con impaciencia.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

THE BEATLES. PAUL McCARTNEY: ?. NEW.

Los Beatles no son un grupo musical. Son mucho más: una experiencia existencial, una seña de identidad, un destino, una maldición, una bendición... Parte sustancial de la vida, en suma.




Si alguien participa de la pasión por ellos hay muchas cosas que le resultarán indiscutibles. Auténticos dogmas de fe. Pero otras son polémicas. Y dentro de estas últimas se encuentra la valoración que nos deben merecer las carreras en solitario de sus componentes.

Yo siempre me mostré muy escéptico en este punto. Sin embargo, en una de las entradas de este blog (de su edición inicial, debería decir) me acerqué de una manera prácticamente psicoanalítica a la posible razón de mi animadversión hacia esas carreras. Me refiero a lo que podéis enlazar AQUÍ.

Vamos a ver. Hablemos en serio. Por centrarnos, simplemente, en los primeros discos que John, Paul y George sacaron después de la disolución de los Beatles ("Plastic Ono Band", "McCartney" y "All things must pass"). Salta a la vista que son grandes discos. Pero también salta a la vista otra cosa: si uno los escucha sin querer aceptar (y yo, a mis cincuenta años todavía me resisto a aceptarlo) que los Beatles ya no existen, entonces encontrará carencias evidentes por todos los lados. Armonías vocales, irrupciones del sello del uno en las canciones del otro, alternancias estilísticas... por no hablar de los arreglos de George Martin.

Y por eso, porque no acepto la separación y estoy enfadado, les tengo manía a esas carreras.

... O debería decir, mejor, "les tenía".

Alrededor de la elaboración de este blog han surgido cosas maravillosas. Entre otras, una amistad muy especial con tres primos (dicho sea en el mejor sentido de la palabra), los grandes PPK, Fer y César, que me enseñan día a día un montón de cosas. De los Beatles y de todo, en realidad. Y he llegado a confiar tanto en ellos que sé que tienen razón; que hay algo envidiable en mi vida, y es que tengo todavía por delante la labor de sumergirme a fondo en esas obras solitarias.

Pero además, también en gran parte a través de ellos, el año pasado recibí una motivación especial.

                                                                 *

El 29 de agosto de 2013, efectivamente, salió "New", la canción de Paul McCartney, adelanto de su último L.P.



                                



Puedo asegurar que había asistido a todos los lanzamientos de material nuevo de los exBeatles con una indiferencia enorme. Hay excepciones, sí. El "Double Fantasy" me gustó muchísimo (las canciones de John, claro). En la Navidad del 89, también, me sugestionó muchísimo esa canción de Paul que se llamaba "This one". Y el L.P. de George del 87 tampoco me dejó del todo indiferente.

Pero esta vez, ante el último lanzamiento de McCartney, en lo que compartí con los tres amigos citados a través de nuestro particular grupo "telefónico", hubo motivaciones nuevas.

Primera. Estaba en San Juan de Alicante, el lugar de mi felicidad veraniega. Deambulaba con mi hijo por ahí, hablando de lo divino y de lo humano; y comentando con él el lanzamiento de Paul me di cuenta de una cosa: si vivo un par o tres de décadas más, el mundo no acaba de volverse loco, tengo nietos y consigo transmitirle a alguno de ellos mi pasión por la música, podré comentarle que una tarde de 2013 yo andaba por ahí tan chulo, de playa y chiringuito, mientras salía al mercado un disco nuevo de un Beatle; y si todos los presupuestos anteriores se cumplen, ese nieto me mirará con el asombro extático que alguien podía sentir a principios del siglo XX si un anciano le contaba que había asistido de niño al estreno de una obra de Beethoven, por ejemplo.

Lo curioso es que mis primos asistían a esa novedad de McCartney con gran escepticismo Y yo quería vivir esa emoción sorprendentemente nueva para mí: asistir en plenitud de facultades estéticas al lanzamiento de un Beatle. Total nada.

... Me sucede con muchas cosas. Por razones que estoy explicando largamente en un relato que comparto en otro BLOG, me gusta revisitar rincones del pasado. Y especialmente de pasados que no fueron. Ahora daría medio brazo por volver a fiestas, situaciones y relaciones que en su día no disfruté. Y eso me pasó el 29 de agosto de 2013 con "New".


Pero es que, además, la canción me gusta. Empieza, es verdad, dubitativa, con unas idas y venidas no muy convincentes. Pero... ay amigo... llega el "uhuhuh..." y aquello se pone épico. Algunos de los himnos más emotivos de la historia de la música pop se han hecho con "uhs", "ohs", "yeahs" o shalalas". Ya lo decían los Carpenters.





Y en los "uhs" de "New",  Paul nos hace evocar muchos momentos especiales con una solemnidad conclusiva.

Es enternecedor, además, el leitmotiv del album. "New"... Nuevo... Nuevo algo que se presenta con neones y a veces suena a Duran Duran... O sea: lo que es y siempre será nuevo para los que crecimos en los 80. ¿No es verdad que hay un momento en la vida en el que el reloj se nos para y nos quedamos allí para siempre?

Y la voz. Me gusta la voz de Paul en todo el disco. Es un voz un tanto... anciana, digamos; pero utiliza su "cascajo" de una manera que se me antoja honesta y bella. Cómo decirlo. Me parece apreciable que no trate de disimularlo.




Así que sí. Viviré (a destiempo, que es la mejor manera de vivir) las carreras de los exBeatles. Y lo traeré a este blog. De momento, vaya este adelanto a modo de felicitación navideña para todos los fieles.

sábado, 18 de octubre de 2014

THE BEATLES. VERSIONES: 1. CHAINS


Esa armónica que John toca al principio, le da a la primera versión de la discografía de los Beatles un aire muy peculiar.





Parece que vamos a adentrarnos en un tema de estilo "vaquero", bluegrass, country o lo que fuere... pero lo que estalla en la voz de George es una versión de grupo de chicas negras. Una querencia fundamental en los primeros años del grupo.

En 1962 la publicaron las Cookies.





Los Beatles la incorporaron a sus directos poco antes de la grabación del primer L.P. Por eso, las malas lenguas dicen que no la tenían demasiado trabajada.

También dicen esas lenguas viperinas que tuvieron que registrarla en un tono bajo para salvar las limitaciones vocales de Harrison, Y que luego, al acelerarla en la edición, se perdió gran parte de la armonía a tres voces.

No sé. A mí me encanta así; tan directa, tan auténtica. Y me chifla ese final en el que en el fundido se puede escuchar una conclusión.

La composición es de Gerry Goffin y Carole King, dos grandes de la música que durante los años sesenta se dedicaron de manera casi exclusiva (antes de la exitosa carrera en solitario que la propia Carole inició al final de la década) a crear grandes hits para otros artistas.

Su único éxito propio en la década fue la maravillosa "It may as well rain until september".







Esta pareja llevó al naciente género de la música pop la amplitud melódica de la canción de las décadas anteriores: el musical de Broadway, el Tin Pan Alley, el jazz más standard. Y los Beatles tomaron muy buena nota. En la fusión que realizaron entre el rock and roll, el rythm and blues y esas melodías antiguas está la lanzadera de su aventura creativa.

domingo, 2 de marzo de 2014

THE BEATLES: y 186. THE END



¿Era éste el final que merecían los Beatles?






¿Por qué se me ha ocurrido esa pregunta justo cuando iba a ponerme a escribir? Pues no lo sé... Quizás porque me ha dado por pensar que nada podía resumir adecuadamente la carrera más importante de la historia de la música popular. Y el hecho es que el intento de McCartney tiene toda la solemnidad, toda la "intención" de una auténtica coda-apoteósica-final.

Pero a ver: ¿para qué se ponen a hacer solos? ¿Fueron acaso un grupo de instrumentistas, de virtuosos?

Ringo no quería hacer el suyo. Tuvieron que convencerlo. Y aún así me parece que su solo de batería (0:19) refleja una cierta incomodidad. Quiere acabar cuanto antes.

Los de guitarra son más interesantes. Pero quizás porque no son solos, sino una obra coral apasionante. De entrada, cuentan las crónicas que Paul, George y John se metieron sin nadie más en el estudio con la intención de realizar un duelo histórico, y que el último tuvo el atrevimiento (nada menos) de decirle a Yoko que se quedase fuera. Ahí es nada.

Y entonces salió, de un tirón, esa maravilla.

A partir de 0:53 podéis contar dieciocho compases (uno-dos-tres-cuatro). Los dos primeros los toca Paul, los dos siguientes George y los dos siguientes John. Y la secuencia se repite tres veces. Increíble.  

Aquí podéis verlo:


                                                                 *

Probablemente, cuando aquella tarde de septiembre de 2012 comencé a escribir este blog, quería decir muchas cosas que al final no he dicho exactamente. (Bueno, qué narices; lo de "probablemente" es una coquetería intelectual; es seguro, porque incluso lo expliqué en unas entradas veraniegas que todavía podréis leer si rebuscáis). Pero es fantástico que haya sido así, porque eso quiere decir que los Beatles han impuesto su ley.

El gran tema de los Fab-Four es el amor. Sí: "All you need is love".

En esta canción, justo antes de y durante los solos de guitarra, le dicen al mundo reiteradamente que le quieren ("Love you...", en plan gospel). Y al final del final, cuando el conjunto se queda en silencio, un piano y un leve dibujo de guitarra acompañan a Paul (antes de los compases últimos, de una emotividad cinematográfica) para decir:

"And in the end, the love you take/is equal to the love you make".

Si esas palabras son ciertas, yo voy a recibir cantidades inmensas de amor. En parte ya las he venido recibiendo, claro. Porque es casi infinito el amor que he puesto al escribir estas ciento ochenta y seis entradas.

Gracias a los que me habéis acompañado. Gracias por haberme permitido compartirlo.

"Love you..."





...

Pero todo final conduce a un nuevo principio.

                                                                 *

La tarde del 6 de junio de 1962, a eso de las siete y media, George Martin estaba en la cantina de los estudios Abbey Road, probablemente tomando un par de cervezas; y probablemente, también, contándole a alguien, entre risas y tacos, que acababa de dejar en el estudio 2 a unos paletos de Liverpool que se hacían llamar The Beatles; que había escuchado su primera interpretación, una versión ineficaz (por decirlo finamente) del clásico “Bésame mucho” y que con eso ya había tenido bastante. Pero entonces llegó Chris Neal, el ayudante del técnico de grabación, y le dijo que tenía que escuchar algo.

Subió y se puso a revisar la última grabación de los chicos de Liverpool. Lo que escuchó fue esto:






En ese momento, por alguna razón misteriosa, a pesar de la simplicidad casi insultante de la canción, de los nervios de los intérpretes (cualquiera que se haya subido a un escenario y que, al hacerse el silencio en el público, haya querido morirse por estar allí se reconocerá en la atmósfera de la grabación), de la ineptitud de Pete Best, el batería, y de tantas otras cosas, entornó la mirada y pensó que la historia había dado un giro. Pero luego abrió los ojos, sacudió la cabeza y, sonriendo, dijo:

-Fíjate, Chris, la tontería que he soñado.

Y se puso a contarle una historia delirante de música, de críos melancólicos, de vendedores de discos sordos, de ciudades con calles estrechas, de amores adolescentes, hermanos mayores, morsas, campos de fresas, drogas, navidades, submarinos de colores, proyecciones con el Cine-Max, sacristanas que mueren en la soledad y el olvido, tardes en patios extremeños, locos y colinas, arpegios que se presentan en medio de un sueño, recaudadores de impuestos, guitarras que lloran, jardines subacuáticos, padres que tuercen el gesto ante la música moderna, cacerías de tigres, amigos que se fueron, segundas esposas japonesas, santones hindúes, tardes de novillos y  muchas otras cosas... Y de canciones interminables.

Se rieron y se fueron a sus casas, a seguir con sus vidas de siempre. 

Aunque a veces les asaltó, a partir de entonces y como una maldición, la fantasía de una melodía infinita.





viernes, 28 de febrero de 2014

THE BEATLES: 185. CARRY THAT WEIGHT



A pesar de ser, como todas las del medley, tan cortita, "Carry that weight" presenta contrastes curiosos.






De entrada, la melodía principal que rompe las delicadezas y sutilezas de "Golden Slumbers" es un pelín tosca. Una especie de fin de fiesta un tanto alcohólico con los cuatro cantando a voz en grito. (¿No se impone, de hecho, la voz destemplada de Ringo?).

Y luego, sin embargo, esa orgía de entusiasmo poco medido conduce a un clímax "sinfónico". En 0:25, Paul recupera "You never give me your money". Primero con un tutti orquestal, dominado por los metales, absolutamente evocador y solemne; y luego con una estrofa nueva ("I never give you my pillow..."). Encima, lo que da paso a otra entrada del coro de hooligans es un corte (1:04) apoteósico, indescriptible, de una potencia y de una eficacia sublimes.

Otra vez "Boy, you're gonna carry that weight..."...

Hay dos lecturas. Y no son contradictorias entre sí. Una la más querida y simbólica para todos los aficionados: llevar el peso de ser (de haber sido) Beatles, es algo que va a marcar sus vidas. Las vidas de cada uno de ellos. Aunque la liberación está muy cerca. De hecho, Paul ya hace resonar a los Wings en este mismo tema.

Pero luego está lo que el mismo McCartney evocó años más tarde al referirse a la canción: arrastrarían toda la vida el peso de la locura de sus años finales; las drogas, los enfrentamientos, los problemas legales y financieros... Todas esas cosas que no podían ni sospechar cuando se conocieron en una fiesta parroquial en Liverpool.

...

La potencia conclusiva del tema es tremenda. ¡Cómo conduce la tosca melodía central a una nueva recuperación de "You never give me..." en sus arpegios finales! Sólo que éstos terminan (a mi juicio) de manera precipitada y llevan, ya directamente, al final.

jueves, 27 de febrero de 2014

THE BEATLES: 184. GOLDEN SLUMBERS


Ahora empieza el último movimiento de la "sinfonía", la despedida de Paul en tres fragmentos.

Retoma en "Golden slumbers" la atmósfera nostálgica de "You never give me your money".





Pero no es sólo un ambiente, así, en general, sino que también anticipa la cita a esa primera canción del medley que vendrá muy pronto (justo antes del final) con una sucesión de acordes idéntica.

                                                                 *

La "leyenda" de la canción es muy conocida. Paul estaba al piano y vio allí unas partituras de su hermanastra. Había una canción de principios del siglo XVII. Una nana del poeta Thomas Dekker incluida en su obra de 1603 "Patient Grissil". Pero como McCartney no sabía leer música, lo que hizo fue ponerle una melodía propia a la letra que, con variaciones, tomó del poema.

Así nació la nana, que luego cantó con una pasión tremenda y con acentos orquestales melodramáticos. Una nana nostálgica al niño que él mismo fue. 

Sí."Once there was a way...". La tristeza por la despedida, por el final de la carrera del grupo tiene matices más profundos. Se añora, más en general, un mundo de protección, donde siempre era posible regresar a casa y encontrar un abrazo. La madre. Es curioso comprobar cómo la música de los Beatles es en parte, para todo el mundo, nuestra infancia. Incluso para ellos mismos. Una infancia perdida.